Editorial El Heraldo (Florida)
El diputado del Partido Nacional Nicolás Olivera, de Paysandú, cuestionó una comunicación de la intendencia en la que se exhorta a las empresas proveedoras adquirir publicidad a Caras y Caretas para un suplemento especial sobre los 155 años de la ciudad de Paysandú.
“Tengan a bien recibir las diferentes propuestas comerciales que les harán llegar los ejecutivos de cuenta de la revista, para que ustedes puedan analizarla y en la medida de sus posibilidades apoyar este suplemento que reflejará la historia de vida de nuestro departamento”, dice la carta cuyo texto publicó el diario local El Telégrafo.
“El intendente de Paysandú pidiendo ‘apoyo’ a los proveedores de la Intendencia para la revista Caras y Caretas. Mientras el comercio sanducero trata de sobrevivir, se los presiona para que pongan publicidad en una revista amiga. Indigno”, publicó Olivera en su cuenta de Twitter.
El legislador explicó que algunos proveedores de la Intendencia lo habían contactado para informarle: “tuvimos información de proveedores que habían recibido esta nota. Una situación muy incómoda para ellos. Recibir esa nota con la firma del intendente es una presión indebida, es gravísimo”.
Por ese motivo Olivera adelantó que llevará el caso a la JUTEP porque “el intendente no tiene que estar preocupado por conseguirle publicidad a un privado”, especialmente a una revista que tiene un “absoluto favoritismo” por el Frente Amplio. “Esto es un favor o un pago de favor”, dijo.
El Frente Amplio, como lo ha dicho en más de un foro, trabaja para la supervivencia de la “prensa amiga” y arremete sin escrúpulos cuando se trata de destruir a la “enemiga”.
Así estamos. Cuando se trata de “prensa amiga” no importan los esfuerzos que se hagan. ¿Qué pasaría en Florida si el intendente Enciso intentara torcer el brazo a comerciantes para que apoyen a alguien en particular?
Hemos visto cómo algunos progresistas se rasgan las vestiduras exigiendo transparencia cuando se trata de “el otro” y trabajan duramente a favor de la opacidad cuando se trata de connivencia, amiguismos y clientelismos.
Es de suponer que debe ser muy buena cosa que el sector privado financie una producción histórica sobre 155 años de una ciudad, aunque habría que ver el valor intelectual e histórico de una revista que, asfixiada como está todo el sector, apela a sus amigos de Paysandú para salir de su propia crisis. ¿A cambio de qué? Lo sabrán el intendente y Caras y Caretas.
Pero así está el mundo: lo que acá sería repugnante, en Paysandú es absolutamente digno y hasta defendible. Debe ser por aquello de que, “si es de izquierda, no es corrupto”.









